Javier Heraud - Recuento del año
Una vez terminado el año,
procedo a recoger mis cosas nuevas,
procedo a reclamar papeles viejos,
hago al compás de charlas amistosas
el recuento del año,
el recuento de mis 365 días pasados:
todo se fue rápidamente,
no hubo tiempo para la cosecha,
ni para sembrar el trigo en los maizales.
Los días volaron raudamente,
estuve sentado, leyendo,
o alguna vez escribiendo hasta la noche.
No tuve miedo de la muerte,
no pude sembrar el amor como quería,
recogí algunas frutas caídas
y supuse que al final moriría
alguna tarde entre pájaros y árboles.
No estoy muerto. Sin embargo, entre tarde y tarde
cuando vibran los soplos del silencio,
abro mi corazón al conjuro del viento y la palabra,
y construyo casas, tierras, mares, nuevos albores, nuevas tristezas,
y callo al final...
