Antonio Vega - Una Decima de Segundo
Ojos para ver y oidos para oir eso que nunca vemos y nunca oimos entre tanto ruido externo e interno, entre tantos deberes y cosas "urgentes". Parar el tiempo y hacernos presentes, plenamente presentes y escuchar, contemplar, tocar y oler esa trama invisible, los hechos insignificantes q sostienen la vida, lo que esta detrás, las tonalidades de la luz, la leve brisa en nuestra piel, el sabor del agua...
Enfocarnos en lo insignificante, ahí hay un portal, ahí, en el umbral donde se aquieta la mente y se pacifica el corazon. Poner atención en las cosas mas leves, sutiles, comunes, en ellas podriamos encontrar claves vitales, puertas de acceso al encanto, al disfrute, al sentido, a la fuerza de la plenitud.
Cuando ya nada parece bastar , ningun estimulo ser suficiente, una hoja q cae de un arbol puede cambiar nuestro dia (como me gusta el otoño...), una palabra, una sutil muestra de ternura en la entonación de la voz puede salvar una vida humana del desamor, jugar con un niño puede devolvernos la sabiduria perdida, disfrutar de pisar las hojas de otoño puede llenarnos de encanto, entregarnos a las lagrimas, purificar nuestro corazon, contemplar el balanceo de la hierba q mece el viento, abrirnos la puerta a los misterios de la vida y en todo gesto, en todo ser, podriamos encontrar el arrullo de lo divino. Eso que tanto hemos buscado en alguna vivencia extraordinaria esta en todas partes, impregnandolo todo... Acallar los ruidos y los argumentos; la pildora de la inmortalidad que tanto han buscado los alquimistas, las respuestas q buscamos en la desesperación del dolor estuvieron aquí siempre, no es preciso ir a ninguna parte, aquí, en este momento, en cada piedra, en el silencio entre tu voz y mi voz, en el aire q entra y sale de nuestros pulmones todos los dias de la vida...
El gran viaje no es desplazarce por el espacio, de un lugar a otro, de un paisaje a otro; sino penetrar en el, en este instante, en lo leve, en lo sutil, en lo aparentemente insignificante, alli esta la gran transformación de la vida.
El exceso, el ruido, la predileccion por las emociones impactantes, por hacer y tener mas y mas, la perdida del valor de la sencillez y la inocencia es uno de los motivos centrales por los cuales no podemos entrar en contacto con la experiencia del alma. Ante la imposibilidad de sintonizarnos con el agua de vida nos volvemos sagaces, astutos, escepticos y pensamos q es de personas poco inteligentes vivir intuyendo algo mas alla de las formas materiales, la presencia intangible que mora detrás de cada ser, la energia pura que todo tiene dentro y fuera, lo que somos en esencia.
Hoy Antonio Vega llena mi corazon, reflexiono...
Buen final de semana

miguel dijo
No se me ocurren mejores palabras (ni tampoco una canción mejor que esta décima de segundo) para expresar lo que dices. Me encanta tu comentario, pero sobre todo el último párrafo... porque dice algo que llevo mucho tiempo pensando: "la pérdida de la sencillez".
Cuando alguien pierde ese valor, esas sensaciones... entonces lo ha perdido todo. Por suerte (y más allá de tus palabras que lo corroboran) tú lo mantienes intacto y ojalá sea siempre así porque es lo que te hace infinitamente especial por encima del resto.
Un beso enorme!
25 Septiembre 2009 | 12:34 PM